A las cosas que son feas….

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A las cosas que son feas ponles un poco de amor y verás que la tristeza, y verás que la tristeza, y verás que la tristeza… va cambiando de color.

Onelio González Fuentes no imaginó que de aquella plática en susurros con su esposa, nacería un proyecto memorable para su comunidad. No recuerda bien el día pero, lo que si no olvida, fue el apoyo inmediato por parte de Edelys Pérez Corzo, su pareja. Recién nos acostamos y me dijo: creo que tenemos que pensar en crearles un espacio a los niños para que dejen de jugar en la calle, así los vecinos pararán sus quejas y será menos peligroso, es hora de pensar en nuestros infantes”, rememora Edelys.

A partir de entonces comenzaron las ideas. Literalmente de un basurero sacaron lo mejor y con ayuda de los factores y los vecinos lo convirtieron en el Proyecto Comunitario Integrado, enclavado en la Circunscripción 73, Zona 33, espacio de alegría y orgullo para todas las familias del Consejo Popular Australia, en Jagüey Grande, municipio de la provincia de Matanzas.

¿SOLO CON AMOR?

“Los inicios siempre son difíciles, planteé la idea en la reunión de rendición de cuenta en el 2005, se estudió la propuesta y al cabo del tiempo, me asignaron este terreno, ahí comienza la verdadera historia. Nos enfrentamos al reto de transformar el lugar, que era bien inhóspito, en un paraíso para los pobladores”, alega Onelio González Fuentes

“Lo interesante es que en un mismo espacio integramos todo, contamos con terreno para practicar deportes, un organopónico y este ranchón que unos días nos ofrece sus sombra para hablarle de historia a los piones, en otros momentos resulta la pista de baile ideal para los jóvenes, incluso hasta se imparte bailoterapia, una de las actividades más aceptadas por los coterráneos”, explica Yordanis Guibel Álvarez, profesor de recreación.

Las jovencitas Maivys Ardá Monzón y Marelis Martínez González, ambas de 14 años, coinciden en los beneficios: ya no tiene que salir lejos de su comunidad para divertirse, la música casi la tienen en casa, además pueden asistir siempre que quieran a pensar o distraerse y todo esto de manera sana y natural, en un ambiente donde prima la madera y el guano.

Adelaida Martínez Rodríguez, profesora del programa Educa a tu hijo, aduce estar satisfecha, “el trabajo con los infantes y los padres siempre es gratificante. Varias veces a la semana asaltamos este sitio, y lo irradiamos de conocimientos, hay que verlos con sus cuerpecitos y sus vocecitas infantiles, interpretando obras teatrales, recitando y bailando. Me siento honrada cuando un padre se muestra orgullosa ante los progresos de sus hijos, porque sé que de alguna manera contribuyo a ello”.

LOCO Y ¿QUÉ?

En sus inicios Onelio fue tildado de loco, claro, a veces los humanos no saben diferenciar entre optimismo y locura, pero esto no pesó en sus ganas de hacer y al cabo de 7 años demostró estar en el camino correcto. Muestra de ello es que, recién su Consejo Voluntario Deportivo acaba de recibir la condición de Área Permanente de Referencia Nacional, otorgada por Alberto Juan Torena.

Confiesa que “mi mayor motivación era rescatar el protagonismo de lo Comités. Soñaba con verlos de nuevo funcionando de manera orgánica, que todos los miembros se sintieran motivados e identificados con las tareas que se orientaban, creo que de cierta manera, lo logré”.

“Uno de los aciertos fundamentales, es la integración de los CDR como mayor organización de masas y corazón de cada barrio. Desde que se puso la primera piedra los cederistas asumieron el proyecto de manera inusitada, se incorporaron a los trabajos voluntarios y quien no podía, entonces contribuía con la logística. Lo interesante es que jamás se exigió nada, todo resultó de manera voluntaria. Ahora surgen ideas tan innovadoras como comparsas de amas de casa, interpretadas por el CDR 5”, Yanisek González González, pobladora.

Adilenys, Estefani y Mariam le pusieron fin a la jornada. Llegaron vestidas de bailarinas, con sus tutús y llenas de collares y colores en sus caritas, parecían muñequitas. La sorpresa vino cuando estas pequeñas de  5 y 6 años de edad me recitaron perfectamente Los Zapaticos de rosa. Tuve que verlas bailar, jugar dominó; confieso que fui feliz y recuperé la fe en los barrios cubanos. Sin saber por qué, en el regreso y bien bajito me salía muy de adentro esta melodía: A las cosas que son feas ponles un poco de amor y verás que la tristeza, y verás que la tristeza, y verás que la tristeza… va cambiando de color.

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